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Introducción
en la “Guía Fogonis” impresa
por El Fogón de los Arrieros.
Para
responder a la pregunta extraemos, entre cientos de artículos
publicados dentro y fuera del país, un fragmento de Alfredo VEIRAVE
porque nos parece sintetizar mejor la historia, la vida, y hasta el espíritu
de la casa, ese "algo" por instantes inasible que se niega a
las definiciones.
Es
posible que el visitante de hoy experimente más tarde idéntica
limitación cuando intente traducir su propia versión fogonesca,
vacilando entre lo subjetivo y lo tangible, entre obras de arte y obras
del afecto, entre lo serio sin solemnidad y el humor insinuado o
desbordante, entre lo que en realidad vemos u oímos y un laberinto de
sugerencias.
Esta
que llamaremos GUÍA FOGONIS por el placer de fastidiar a latinistas y
latinófobos, a unos con el uso pedestre de tan exquisito instrumento
lingüístico y a otros con el recuerdo de la antigualla, sólo pretende
ayudar al visitante a ver, o ayudarlo a encontrar... Los otros
"encuentros", los imprevisibles, o ya están dentro del mismo
visitante o esperan en algún rincón que nadie podría anticipar.
Día
llegará tal vez en que renunciemos a buscar entre lo conocido la fórmula
que explique al FOGÓN DE LOS ARRIEROS, y desechando Rastros, Pulgas,
Pandoras o Bric-à-Bracs nos inclinemos ante nuevas familias de
palabras. Ahí deberían estar, creemos, fogonitis, fogonterapia,
fogonero, fogonfobia, fogonismo...
Pero "¿que es el-fogón-de-los-arrieros?" para ALFREDO VEIRAVE
"Cada vez que uno sale del Chaco y viaja,
se encuentra siempre con alguien curioso, intrigado, expectante, que le
pregunta: ``¿Qué es el Fogón de los Arrieros . . . ?".
"Comienza entonces el devaneo alrededor de
ciertos hechos que que lo hicieron posible años atrás. Uno de los
hechos fundamentales de esa historia fue, sin duda, el encuentro y la
amistad de un tipo‑humano y otro tipo-artista, en una vieja casa
de la calle Brown, aquí en Resistencia: Aldo Boglietti y Juan, de Dios
Mena. Casa que poco a poco se convierte en lugar de vivir, lugar de
estar, lugar de quedar, lugar de posar, de iluminar la brasa de la
amistad (y aquí comenzó a funcionar el símbolo o los símbolos de la
amistad "fogonera").
"Desensille, haga noche pero no se
aquerencie". Era una frase del capataz del naciente Fogón de los
Arrieros, el hondo criollo Mena, tallista de tipos humanos regionales,
traspasados de humor y de socarronería, dolientes a veces,
aparentemente frágiles estructuras de la blanda madera del curupí
chaqueño.
"Entre Mena y Aldo, y también entre su
hermano Efraín y todos aquellos que gustaban de las largas tenidas
hasta el amanecer, ya sea de arte o de simple vida vivida, se fue
haciendo un núcleo cada vez mayor. Deberíamos decir, para no ser
injustos con nadie, que cada uno de los fogoneros hizo su propio fogón
alrededor de la amistad común y sobre las dos imágenes proyectadas por
aquellas dos personas que se constituyeron en Capataz y Peón,
respectivamente. Después, aquél rincón de amigos (artistas o no),
tuvo su encuentro con la trascendencia, comenzó a hacerse conocer
fuera, comenzó a constituir un sonido que pasaba de mano en mano:
"Si vas a Resistencia, andá a visitar el Fogón de los Arrieros .
. . ".
"Después
vino el gran salto. Con la consiguiente melancolía de los que siempre
se aferran al pasado, con la alegría de los nuevos que vislumbran otro
futuro. El Fogón se trasladó a su casa propia, a un edificio
construido esta vez para ser El Fogón de los Arrieros. Fue como un sueño
de un hombre a quien hombres libres dejaron que soñara. El arquitecto
Horacio Mascheroni lanzó así, como de una plataforma espacial, un
nuevo fogón. Mena murió sin habitarlo, como al otro, aunque allí ha
quedado su cuarto vacío que ocupan todos los que siguen pasando, sus
ahora famosos "tapes" de curupí y parte de su espíritu
creador, concitador de todas las energías de un Fogón incansable,
infatigable.
"Como es lógico en todas las grandes
empresas humanas que trascienden, las cosas y los seres se nuclean
alrededor de alguien o algo. Aunque él lo niegue y diga que El Fogón
somos todos ("son todos los que hacen algo por EL Fogón"), el
Fogón de los Arriero es Aldo Boglietti.
"Un ritmo que no cesa desde 1943 y que ha
hecho posible que el Chaco cuente entre sus recuerdos a cuanto hombre célebre,
ilustre, pintoresco, famoso o no, pero de calidad humana pareja, haya
pasado por las temporadas culturales de este "Museo del
Disparate", "Rincón de Amigos" o "Fogón
existencialista" como lo definió un conscripto que una vez entró,
miró, y en vez de ponchos y guitarras o lanzas, vio cuadros de
Pettoruti, Soldi, murales de Julio Vanzo o René Brusau, la hélice del
avión de lean Mermoz, la gallina de los huevos de oro, el frecuentado
bar, la pista de aterrizaje de los platos voladores y unos versos en la
puerta que son una promesa de buena vida: "Si has de agregar una
sonrisa al vino / y a la sal que te ofrece nuestra casa, / detén
pasajero tu camino / abre la puerta sin llamar y pasa". |