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¿Que es el Fogón de los Arrieros?  por Alfredo Veiravé

Introducción en la “Guía Fogonis”  impresa por El Fogón de los Arrieros.   

"Bailarina", cerámica de Miguel Ángel Bundini. Colección del Fogón de los Arrieros. Diseño directo  del original de la Arquitecto Noni BancalariPara responder a la pregunta extraemos, entre cientos de artículos publicados dentro y fuera del país, un fragmento de Alfredo VEIRAVE porque nos parece sintetizar mejor la historia, la vida, y hasta el espíritu de la casa, ese "algo" por instantes inasible que se niega a las definiciones.

Es posible que el visitante de hoy experimente más tarde idéntica limitación cuando intente traducir su propia versión fogonesca, vacilando entre lo subjetivo y lo tangible, entre obras de arte y obras del afecto, entre lo serio sin solemnidad y el humor insinuado o desbordante, entre lo que en realidad vemos u oímos y un laberinto de sugerencias.

Esta que llamaremos GUÍA FOGONIS por el placer de fastidiar a latinistas y latinófobos, a unos con el uso pedestre de tan exquisito instrumento lingüístico y a otros con el recuerdo de la antigualla, sólo pretende ayudar al visitante a ver, o ayudarlo a encontrar... Los otros "encuentros", los imprevisibles, o ya están dentro del mismo visitante o esperan en algún rincón que nadie podría anticipar.

Día llegará tal vez en que renunciemos a buscar entre lo conocido la fórmula que explique al FOGÓN DE LOS ARRIEROS, y desechando Rastros, Pulgas, Pandoras o Bric-à-Bracs nos inclinemos ante nuevas familias de palabras. Ahí deberían estar, creemos, fogonitis, fogonterapia, fogonero, fogonfobia, fogonismo...

Pero  "¿que es el-fogón-de-los-arrieros?" para ALFREDO VEIRAVE

"Cada vez que uno sale del Chaco y viaja, se encuentra siempre con alguien curioso, intrigado, expectante, que le pregunta: ``¿Qué es el Fogón de los Arrieros . . . ?".

"Comienza entonces el devaneo alrededor de ciertos hechos que que lo hicieron posible años atrás. Uno de los hechos fundamentales de esa historia fue, sin duda, el encuentro y la amistad de un tipo‑humano y otro tipo-artista, en una vieja casa de la calle Brown, aquí en Resistencia: Aldo Boglietti y Juan, de Dios Mena. Casa que poco a poco se convierte en lugar de vivir, lugar de estar, lugar de quedar, lugar de posar, de iluminar la brasa de la amistad (y aquí comenzó a funcionar el símbolo o los símbolos de la amistad "fogonera").

"Desensille, haga noche pero no se aquerencie". Era una frase del capataz del naciente Fogón de los Arrieros, el hondo criollo Mena, tallista de tipos humanos regionales, traspasados de humor y de socarronería, dolientes a veces, aparentemente frágiles estructuras de la blanda madera del curupí chaqueño.

"Entre Mena y Aldo, y también entre su hermano Efraín y todos aquellos que gustaban de las largas tenidas hasta el amanecer, ya sea de arte o de simple vida vivida, se fue haciendo un núcleo cada vez mayor. Deberíamos decir, para no ser injustos con nadie, que cada uno de los fogoneros hizo su propio fogón alrededor de la amistad común y sobre las dos imágenes proyectadas por aquellas dos personas que se constituyeron en Capataz y Peón, respectivamente. Después, aquél rincón de amigos (artistas o no), tuvo su encuentro con la trascendencia, comenzó a hacerse conocer fuera, comenzó a constituir un sonido que pasaba de mano en mano: "Si vas a Resistencia, andá a visitar el Fogón de los Arrieros . . . ".

Cuadros, Esculturas, Curiosidades, foto de Aldo Boglietti."Después vino el gran salto. Con la consiguiente melancolía de los que siempre se aferran al pasado, con la alegría de los nuevos que vislumbran otro futuro. El Fogón se trasladó a su casa propia, a un edificio construido esta vez para ser El Fogón de los Arrieros. Fue como un sueño de un hombre a quien hombres libres dejaron que soñara. El arquitecto Horacio Mascheroni lanzó así, como de una plataforma espacial, un nuevo fogón. Mena murió sin habitarlo, como al otro, aunque allí ha quedado su cuarto vacío que ocupan todos los que siguen pasando, sus ahora famosos "tapes" de curupí y parte de su espíritu creador, concitador de todas las energías de un Fogón incansable, infatigable.

"Como es lógico en todas las grandes empresas humanas que trascienden, las cosas y los seres se nuclean alrededor de alguien o algo. Aunque él lo niegue y diga que El Fogón somos todos ("son todos los que hacen algo por EL Fogón"), el Fogón de los Arriero es Aldo Boglietti.

"Un ritmo que no cesa desde 1943 y que ha hecho posible que el Chaco cuente entre sus recuerdos a cuanto hombre célebre, ilustre, pintoresco, famoso o no, pero de calidad humana pareja, haya pasado por las temporadas culturales de este "Museo del Disparate", "Rincón de Amigos" o "Fogón existencialista" como lo definió un conscripto que una vez entró, miró, y en vez de ponchos y guitarras o lanzas, vio cuadros de Pettoruti, Soldi, murales de Julio Vanzo o René Brusau, la hélice del avión de lean Mermoz, la gallina de los huevos de oro, el frecuentado bar, la pista de aterrizaje de los platos voladores y unos versos en la puerta que son una promesa de buena vida: "Si has de agregar una sonrisa al vino / y a la sal que te ofrece nuestra casa, / detén pasajero tu camino / abre la puerta sin llamar y pasa".

 

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