(VOZ TOBA =ALGODÓN)
La leyenda toba del algodón
REIVINDICACIÓN feb./58
Cuenta la leyenda, que en lejanos tiempos, en el
Gran Chaco, los indios eran felices, no se conocían las estaciones porque no había
cambios de clima, ni fenómenos atmosféricos.
En esa armonía y felicidad los indígenas
brindaban todos sus tributos a NAKTÁNOÓN (el bien).
Esta actitud puso furioso a NAHUET CAGÜEN (el
Mal) que vivía en las tinieblas, que para vengarse y calmar su ira creo NOMAGA (el
invierno).
Satisfecho de su obra se dirigió al pueblo
indígena diciendo:
- Ja, ja, ja, morirán de frío. Mi nuevo
servidor los hará padecer y se les helará la sangre en las venas.
El sol no brillará en el cielo chaqueño.
Un perpetuo nublado cubrirá la tierra toba.
El invierno será helado y dañino.
La naturaleza irá pereciendo. Los indios
gritarán y se retorcerán implorando a NAKTÁNOÓN (el Bien) que les dé calor y castigue
a NAHUET CAGUEN (el Mal).
Fue entonces cuando cuatro embajadores, los
preferidos y más escuchados a lo alto suplicaron al Bien, que derrame calor sobre la
tierra.
Los embajadores fueron:
- El palo borracho
- La planta del patito
- EL picaflor
- La viudita.
Compadeciendo el Bien, los convierte en una flor,
la flor del algodón (Gualok) que tiene de cada uno un atributo.
- El calor de la planta del patito
- El capullo como el palo borracho
- La bandada del picaflor
- La blancura de la viudita.
Despejado el cielo de nubes, la flor (Gualok)
lega a la tierra y se abre, mientras siguen resonando los tambores indios y las semillas
vuelan y vuelan, y al caer nuevos algodonales nacen... y nuevas semillas... y nuevos
algodonales hasta que todo el territorio se cubre de blanco.
El urundai se hace telar para tejer la hebra
suave del algodón convirtiéndose en níveas túnicas que cubren a los indígenas
dándoles calor de vida.
El canto aborigen se eleva. El bien ha vencido.
Ante todo lo acontecido el demoníaco NAHET
CAGUEN (el Mal) enfurecido nuevamente y en un último intento, maldiciendo, se convirtió
en "Lagarta rosada" plaga del algodón.
RUMBO AL
ALGODÓN
Me voy de los pagos de Curuzú
y llevo conmigo mi pobre cruz,
revientan las ganas de trabajar,
espera en el Chaco el algodonal.
Le dije al Jacinto que cuide bien,
el rancho y el moro que le dejé,
aunque lejos vaya del Taragüi,
mis pasos me llevan y estoy aquí.
También el Antonio que es domador,
se lleva el recado y el acordeón.
Un gringo que toque su mbaracará,
en noche estrellada, no va a faltar.
María apúrate, no llorés más,
que es largo el camino cuando llorás.
Esperan cosechas del algodón,
es blanca esperanza para los dos.
No llorés María, no llores más,
allá nos espera el algodonal;
pensá que si andamos de mal en peor,
allá, por lo menos, me dan pa´peón.
Raúl Junco |