La navegación de los ríos
Pilcomayo y Bermejo que atraviesan el Gran Chaco fue una constante preocupación de las
autoridades hispánicas y también de muchos particulares emprendedores y de misioneros.
La motivación principal fue la de establecer una vía de comunicación directa que uniera
el Alto Perú y las ciudades del noroeste con Paraguay y el litoral paranaense. Desde las
expediciones de Gaboto y Diego García de Moguer que avistaron estos ríos y entrevieron
la posibilidad de utilizarlos como vía de penetración hacia el Perú, los conquistadores
del Paraguay y del Tucumán no dejaron de alentar su exploración y navegación. Las
ciudades de Guadalcázar y Concepción fundadas junto o cerca del Bermejo tuvieron
también el propósito de franquear esa vía fluvial para facilitar la comunicación entre
dichas regiones.
Pero recién en la primera mitad Siglo XVII los
jesuitas concibieron una expedición combinada para navegar el Pilcomayo con el doble
propósito de encontrar una mejor comunicación entre las misiones de Chiquitos situadas
al Norte del Chaco Boreal y permitir la conversión los naturales que habitaban sus
márgenes. El plan consistía en la salida de tres grupos expedicionarios que debían
converger en un punto determinado del río. Uno debía partir desde el norte de las
nacientes del Pilcomayo y descender por él hasta el sitio convenido; lo inte- graban los
misioneros Felipe Suárez y Agustín Castañares. El otro debía salir de la gobernación
del
Tucumán y tenía carácter militar, pero el padre Antonio Montijo tenía la misión de
efectuar un relevamiento topográfico. El tercer grupo, dirigido por el padre Gabriel
Patiño debía penetrar por la desembocadura del Pilcomayo en el Río Paraguay.
Fig. 37 La "Descripción Chorografíca
del Gran Chaco Gualamba" del P. Pedro Lozano S. J. Fascímil de la portada
correspondiente a la primera edición (1733).
Los dos primeros grupos no lograron encontrar el
río, pero el padre Patiño logró superar todos los inconvenientes y aunque tuvo el apoyo
de las autoridades, la empresa fue costeada por la Compañía de Jesús y los pueblos de
las misiones. La expedición salió de Asunción el 14 de Agosto de 1721 y penetró al
Pilcomayo por el brazo norte denominado "Araguay". Patiño llevó un diario de
la travesía donde registró todas las alternativas de la misma, describió el curso y las
condiciones del río, la flora, la fauna y, especialmente, las poblaciones aborígenes de
las riberas. Pudo comprobar las dificultades que los raigones semienterrados en el lecho
del río y la escasa profundidad, planteaban a la navegación.
El misionero iba embarcado en una nave de 7000
arrobas de capacidad (80 Tn. aprox.) y lo acompañaban el padre Lucas Rodríguez, el
hermano Bartolomé Niebla y el sargento mayor José Portillo, varios españoles y 60
indios guaraníes. Para casos de emergencia contaba con dos botes auxiliares. A fines de
se- tiembre la ernbarcación mayor debió detenerse por el escaso caudal. Después de una
inútil espera de un mes, los padres Patiño y Niebla continuaron remontando el río en
los botes y en compañía de 34 aborígenes y algunos españoles.
A medida que avanzaban encontraban vestigios de
población humana y de cultivos de algodón y tabaco realizados por los indígenas. A
fines de no- viembre tomaron contacto con los tobas, cultivadores de maíz, zapallos,
sandías, porotos y algodón. La comprobación de estas prácticas agrícolas entre los
pueblos chaquenses del Pilcomayo constituye sin duda, el aporte más interesante de la
expedición de Patiño. Luego de un primer contacto amistoso, el intento de los españoles
de cortar algunos árboles para erigir una cruz, provocó la ira de los indígenas que
atacaron a los expedicionarios. Estos se defendieron con sus armas de fuego pero debieron
retirarse ante la superioridad numérica. Dieciocho días
después se reunieron con el grueso de la expedición. Así concluyó esta primera
expedición al Pilcomayo, que nos dejó importantes descripciones etnográficas,
hidrológicas y fitogeográficas, pero también constato las enormes dificultades que
presentaba su navegación.
Fig. 38 Mapa del Chaco del P. Antonio
Machoni, para la obra "Descripción Chorografica del Gran Chaco Gualamba" de
Pedro Lozano.
En cuanto a la navegación del Bermejo, la primera
tentativa le correspondió al coronel Adrián Fernández Cornejo, oriundo de Salta, quien
solicitó y obtuvo autorización del virrey Vértiz para efectuar la empresa en 1780.
Cornejo esperaba inaugurar una comunicación fluvial con el litoral para el tráfico
comercial desde las ciudades de la Gobernación del Tucumán. Con muchos contratiempos
logró construir un barco y dos canoas en la Reducción de San Ignacio de indios tobas
sobre el Río de Ledesma, tributario del Bermejo. El 5 de agosto de 1780 partió la
expedición desde el Río de Ledesma rumbo al Bermejo para descender desde allí hasta
Corrientes. Lo acompañaba como capellán fray Francisco Morillo, el abogado de la
audiencia de La Plata, Sánchez de Velazco, un intérprete, un práctico navegante y 15
tripulantes. En esta oportunidad, Cornejo no pudo llegar al Río Bermejo por la escasez de
víveres, las enfermedades que afectaron a la tripulación y las desinteligencias surgidas
con los otros integrantes de la expedición. Además, una varadura pocas leguas antes de
llegar al río mencionado, decidió finalmente la suspensión del viaje y el regreso de
los expedicionarios al punto de partida.
Fray Francisco Morillo, quien había marchado a la
Reducción del Valle del Centa en busca de provisiones, intentó persuadir a Cornejo para
continuar con la expedición después de conseguir los víyeres. Al obtener una respuesta
negativa decidió continuar la empresa por su cuenta con el concurso de una parte de los
hombres de Cornejo. Inició la marcha desde el Río de Jujuy en noviembre de 1780,
prosiguió por el Río de Tarija hasta alcanzar el Bermejo y a partir de allí navegó
río abajo en busca de las recién fundadas reducciones de tobas y mocovíes. En su diario
de navegación, Morillo registró su encuentro con las tribus mataguayas, matacas,
chunupíes, malbaláes, sinipíes, atalaláes, tobas y mocovíes que habitaban en sus
riberas. AI atardecer del 1ro. de diciembre de 1780 fondeó cerca del pueblo "San
Bernardo el Vértiz" y se entrevistó con su fundador, Francisco Gabino Arias.
A instancias de éste, permaneció en la reducción
hasta el 26 de enero de 178l adoctrinando a los aborígenes. Posteriormente asistió a la
bendición de la iglesia de La Cangayé y pronunció el sermón de circunstancias. El 9 de
febrero se hizo a la vela nuevamente, esta vez acompañado por Francisco Gabino Arias y
algu- nos caciques. En la tarde del 16 de febrero llegaron a la desembocadura del Bermejo
en el Río Paraguay y el día 22 arribaron a Corrientes, donde fueron recibidos por las
autoridades y vecinos, celebrándose un "Tedéum" de acción de gracias en la
Iglesia Matriz de la ciudad. De este modo, Morillo fue el primer explorador que demostró
la navegabilidad del Río Bermejo por embarcaciones de poco calado y dejó abiertas las
puertas para otros intentos posteriores.
En 1790, Adrián Fernández Cornejo, alentado por el
virrey Nicolás de Arredondo, decidió intentar nuevamente llegar a Corrientes por el Río
Bermejo, desde la frontera de Salta. A principios de ese año comenzó los preparativos y
sobre el Río Centa mandó construir las embarcaciones que utilizaría en su na-
vegación. En la ciudad de Salta acopió los víveres y contrató al personal y a la
tripulación. El 16 de junio partió en compañía de sus hijos Juan José y Antonio, el
doctor Lorenzo Villafañe, José Lorenzo Doncel de Villena y el intérprete Juan José de
Acevedo, más 26 soldados sacados de los presidios de la frontera. El principal objetivo
de esta expedición era comprobar la posibilidad de una comunicación fluvial para el
comercio regular con las ciudades de Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires. Pero unido a
esto, Cornejo había concebido un plan de colonización del Chaco con la fundación de una
cadena de fuertes sobre el Bermejo, la extensión territorial de los dominios del Rey, la
evangelización de los indios con la fundación de nuevas reducciones y la explotación de
las maderas ribereñas para la construcción de navíos. Por otra parte, la yerba
paraguaya podría tener mercados en las ciudades del oeste y la plata altoperuana podría
ser comercializada en el litoral.
Por el "Diario" de la expedición
redactado por José Antonio Cornejo conocemos los detalles de Ia aventura que tuvo
momentos felices y trágicos. El día 27 de junio llegaron al Bermejo y pese a la pérdida
de una de las embarcaciones y muchos víveres, continuaron dificultosamente la navegación
en procura de la desembocadura del río. Las caídas que presentaba su curso, los raigones
y los peñascos que obstaculizaban la marcha, aumentaron los padecimientos de los
expedicionarios. A medida que avanzaban tomaban contacto con los aborígenes e
intercambiaban tabaco por carneros, pescados y vasijas; especialmente con las tribus de
mataguayos y malbaláes que habían hecho las paces con Gabino Arias años atrás. Pero
tampoco faltaron los combates con otras parcialidades con su secuela de muertos y heridos
por ambas partes. 
El día 2 de agosto llegaron a la reducción de San
Bernardo el Vértiz, a la que encontraron en lamentable estado y sin su cura doctrinero
que se encontraba en Corrientes.
Fig. 39 - Costas del río Bermejo.
El 5 arribaron a La Cangayé y hallaron al padre
Lorenzo Suárez de Cantillana, quien causó viva impresión a Cornejo por lo avanzado de
su edad y por la esforzada labor apostólica que estaba cumpliendo entre los aborígenes
del Chaco. Al día siguiente y luego de celebrarse una misa en la capilla de la Reduc-
ción, partieron nuevamente los expedicionarios, acompañados esta vez por un cacique toba
y otro mocoví. Estos habrían de evitar nuevos ataques a la expedición y oficiarían de
guías hasta la desembocadura del Bermejo. El día 11 de agosto avistaron una senda que
venía del interior en la margen occidental. Por información de uno de los caciques
supieron que la misma llevaba al paraje "Zapallarcito" donde existía una gran
laguna junto a la cual se encontraban las ruinas de la destruida Concepción del Bermejo.
Finalmente, y sin otras novedades, arribaron a la desembocadura del Bermejo en el Río
Paraguay el día 20 de agosto, cumpliéndose así el objetivo de esta expedición.
Pese al éxito de su empresa, Cornejo no pudo ver
cristalizado sus proyectos, pues el Gobierno Virreinal ignoró las ventajas que podrían
resultar de la apertura de la vía fluvial del Bermejo y el "Diario", enviado a
Buenos Aires, fue a parar al archivo. |
EL METEORITO
DE CAMPO DEL CIELO
Desde el comienzo de la conquista, a los
españoles que se internaron en el Chaco les llamó la atención el uso de flecha con
puntas de hierro por algunas tribus indígenas. A ello se agregó que los habitantes de
Santiago del Estero tuvieron noticias de un supuesto yacimiento de hierro en la planicie
chaqueña. En julio de l576 el Gobernador del Tucumán Gonzalo de Abreu envió al
capitán_ Hernán Mejía de Miraval al interior del Chaco, con la misión de
recoger todo el hierro que pudiese. Guiado por los propios indígenas, Mejía de Miraval
se internó en el Chaco desde Santiago del Estero y después de penosas jornadas encontró
un enorme peñón de hierro, del cual extrajo algunas muestras. A pesar de comprobarse la
calidad del metal hallado, las autoridades del Tucumán no intentaron nuevas
exploraciones, tal vez por los peligros que entrañaba llegar al lugar del presunto
filón.
Recién en l774 el militar Bartolomé
Francisco de Maguna resolvió intentar la empresa. Luego de recorrer 90 leguas desde
Santiago del Estero en dirección Este encontró una barra o planchón de metal de unos
500 quintales de peso (22.970 kg.)
Maguna volvió con otra expedición en 1776 y
las muestras recogidas fueron enviadas a Buenos Aires para su análisis. Se comprobó que
contenían cierta proporción de plata y esto, como era natural para la época, exaltó la
imaginación de los españoles. Hasta el mismo Virrey Pedro de Cevallos supuso encontrarse
ante una mina del precioso metal y así lo informó al Rey de España. Su sucesor,
Vértiz, resolvió obtener más evidencias de la presunta mina y envió al Sargento Mayor
Francisco de Ibarra con una expedición de 25 hombres, el instrumental y las herramientas
necesarias más la compañía de un entendido en la materia: el Capitán Melchor Miguel
Costas. lbarra salió de Matará el 20 de julio de 1778 y luego de recorrer 335 km. llegó
al paraje "Campo del Cielo" donde se encontraba la pieza metálica. Esta
resultó tener 4 1/2 varas de largo (unos 4 m.) y 2 1/2 varas de ancho (2 m.
aproximadamente). Además comprobó que se trataba de una masa férrica aislada y no de un
afloramiento como se creía. Con gran dificultad logró extraer 6 libras (2,722 kg.) de
metal, las que fueron remitidas al Virrey Vértiz, quien, a su vez, se las envió al
Ministro de Carlos III, José de Gálvez.
Aunque de los análisis efectuados por el Dr.
Miguel O' Gorman surgió la evidencia de tratarse de un hierro de excepcional pureza,
Vértiz decidió llegar al fondo del asunto. Para ello organizó una expedición de
verdadero carácter científico en busca de lo que ya se conocía con el nombre de
"Mesón de Fierro". La integraban Miguel Rubin de Celis de la Real Academia de
Historia de España y de la Real Academia de Marina de Francia; el ingeniero Pedro Antonio
Cerviño, vinculado con las actividades científicas y docentes en Buenos Aires y el ya
conocido explorador del Chaco, Coronel Francisco Gabino Arias. Esta expedición estaba
compuesta por 200 hombres y 8 carretas con todo el instrumental y las herramientas
apropiadas para efectuar mediciones, extraer muestras de metal y transportarlas a Buenos
Aires. La expedición salió desde la reducción de indios vilelas junto al Río Salado a
principios de febrero de 1783. Después de recorrer 66 leguas guiados por los indígenas,
llegó a la vista del famoso "Mesón de Fierro" en el centro de la llanura
chaqueña. Rubín de Celis mandó practicar excavaciones en torno al metal, lo que le
permitió moverlo del sitio en que había reposado por siglos, quizás milenios. Comprobó
que medía 9 1/2 pies de largo (2,89 m.) 6 pies de ancho (1,82 m.) y 4 1/2 pies de espesor
(1,37 m.) con un peso calculado en 400 quintales. En un informe que en 1786 Rubín de
Celis elevó a la Real Sociedad de Londres, efectuó una descripción del planchón y en
el mismo atribuyó su existencia a una erupción volcánica, que lo habría arrojado a ese
lugar.
A pesar de algunos intentos posteriores por
reubicar al "Mesón de Fierro" éstos no dieron resultado, pero se encontraron
otros fragmentos dispersos por la llanura chaco santiagueña. Su origen meteórico
fue develado recién en la segunda mitad del siglo X IX, pero con anterioridad despertó
el interés de Esteban de Luca en 1816 y Manuel Moreno en 1822, quien elaboró un informe
sobre este fenómeno. Son numerosas los fragmentos meteoríticos procedentes de Campo del
Cielo que existen en museos y centros de investigación de todo el mundo. Entre ellos se
destacan "El Toba" encontrado en Santiago del Estero; "El Hacha" y
"El Mocoví" encontrado en las cercanías de Gancedo (Chaco) y los numerosos
ejemplares extraídos por el investigador norteamericano William Cassidy entre 1962 y 1967
en el paraje "Las Víboras".
Gran parte de este valioso material fue
llevado por Cassidy a Estados Unidos con la complacencia de las autoridades argentinas que
debieron haber impedido este despojo. Una pieza de tres toneladas se conserva en la
Universidad del Nordeste y otra permanece en el sitio del hallazgo como atracción
turística. Para concluir, merece destacarse el esfuerzo del Director de la Escuela
Primaria del Paraje "Las Víboras" (Chaco), quien reunió una valiosa colección
de piezas con las que fundó el único museo meteorítico que existe en el país. |
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