Escudo de la Provincia del Chaco

Subsecretaria de Cultura de la Provincia del Chaco

Historia del Chaco- Altamirano - Dellamea de Prieto - Sbardella. (para Internet.)

Capítulo I - Período Hispánico

Título II - La Penetración Hispánica

4. – La guerra defensiva durante el siglo XV I I

 

Destruida Concepción del Bermejo entre los años 1631 y 1632, el Gran Chaco Gualamba no sólo quedó bajo el dominio exclusivo de las tribus chaquenses, sino que éstas reiniciaron una feroz guerra ofensiva contra las poblaciones fronterizas, que ocasionó a lo largo del Siglo XVII y gran parte del Siglo XVIII, ingentes pérdidas en vidas y bienes a los españoles. Estos ataques eran tanto más efectivos y fulminantes, por cuanto el aborigen chaqueño aprendió a dominar rápidamente el uso del caballo como arma de guerra,Fig. 16. aumentando su movilidad y modificando parte de sus antiguos hábitos para convertirse en nómade montado.

Fig. 16.- Fuerte o presidio español en el Siglo XVIII, según Florian Paucke S.J. Nótese el preferente uso de la lanza por los soldados criollos, para combatir a los aborígenes.

Para hacer frente a esta grave situación, las autoridades de las distintas jurisdicciones recurrieron al establecimiento de fuertes y reducciones, éstas a cargo de jesuitas, franciscanos y mercedarios, a fin de que sirvan de protección contra los ataques de las tribus más guerreras y evitar la ruina de las ciudades más expuestas a dichos ataques, como Salta, Santiago del Estero, Talavera de Esteco, Asunción, Corrientes y Santa Fe. Pero también recurrieron a empresas de conquista y de castigo cuando aquellas medidas se revelaron como insuficientes; empresas que por la naturaleza del terreno, la índole bélica de las tribus y su conocimiento del terreno, la falta de recursos en hombres y armas y por sobre todo la ausencia de una política de coordinación entre los distintos gobiernos sobre el trato que debía darse a los indígenas, resultaron fallidas o de escasos resultados.

Entre 1660 y 1662 el Gobierno del Paraguay ordenó la construcción de seis fuertes sobre las márgenes del Río Paraguay a fin de contener las arremetidas de los guaycurúes del Chaco que amenazaban directamente a la ciudad de Asunción. Corrientes también sufrió duros ataques de los abipones y payaguáes en 1673 y 1689, obligando a los propios vecinos de la ciudad a armarse para no perecer y aunque lograron contener estas embestidas la campaña correntina experimentó los efectos devastadores de estas incursiones. Santa Fe, por su parte, comenzó a sentir los efectos de la ofensiva aborigen hacia 1630 por parte de los "calchaquíes", nombre que equívocamente se le dio en esa época a la reunión de tobas, mocobíes y guaycurúes, por proceder del denominado "valle calchaquí", territorio situado entre el Río Bermejo y el norte santafesino en los ma- pas de la época.

Los vecinos de Santa Fe debieron salir numerosas veces a combatir a los belicosos "calchaquíes", pero ello no impidió la devastación y la muerte, el robo de ganado y la destrucción de estancias en la campaña. Tal fue la gravedad de la situación que el Cabildo de Santa Fe resolvió su traslado más al sur, a su actual emplazamiento, hecho que tuvo Iugar entre los años 1651 y 1661.

Pero las empresas de mayor aliento partieron de la Gobernación del Tucumán, en especial desde la ciudad de Salta y de Talavera de Esteco.

El gobernador Martín Ledesma Valderrama se ufanaba en un informe al Rey de haber emprendido la conquista del Chaco Gualamba en 1625, parangonándola con la realizada por Francisco Pizarro en el Perú. La realidad era mucho más modesta, pues Valderrama –quien había recibido la Gobernación con la expresa condición de conquistar el Chaco y fundar dos ciudades en su interior entró a la temida región y luego de cruzar a la banda izquierda del Bermejo fundó Ia ciudad de Santiago de Guadalcázar, que tuvo corta duración porque fue destruída por los indios. La expedición de Valderrama tuvo efecto en la actitud de los naturales, pues durante los años 1647, 1664 y 1669 se sucedieron las invasiones contra las poblaciones cercanas a Jujuy y especialmente contra la ciudad de Talavera de Esteco, la más castigada de todas. El Gobernador Alonso Mercado y Villacorta adoptó prudentes medidas de defensa fortificando dicha ciudad, objeto de continuos ataques por parte de los mocovíes y fundó el pueblo de Metán, entre los años 1665 y 1669.

La acción de mayor trascendencia para el Chaco en este Período la llevó a cabo el Gobernador del Tucumán, Don Angel de Peredo, natural de Queveda, España, y caballero de la Orden de Santiago, quien ocupó el gobierno de aquella provincia entre 1670 a 1674.

Venía precedido este mandatario de brillantes antecedentes y títulos logrados en el servicio del Rey, tanto en Europa como en América, pues había sido Presidente de la Real Audiencia de Chile, Gobernador de la provincia de Brocomoro y Corregidor de Puno y de Valdivia. No tardó en advertir Peredo que el principal problema de su gestión era la conquista y pacificación del Chaco Gualamba y a ella consagró sus mayores afanes.

Era este Gobernador considerado como hombre justo y piadoso por sus contemporáneos: en su gestión de gobierno tuvo ocasión de demostrarlo aunque no siempre sus acciones tuvieron el fin deseado. Fig. 17.

Con respecto a los aborígenes del Chaco, intentó al principio atraerlos por medios pacíficos, agasajando y ordenando el buen tratamiento para aquellas parcialidades que viniesen a someterse voluntariamente. Pero las continuas incursiones de las tribus más guerreras continuaron y fue preciso pasar a la ofensiva para contenerlos.

Fig.17 Medio de transporte utilizado en el Siglo XVIII para largas travesías, según una acuarela de Florida Paucke

Peredo salió de Talavera de Esteco hacia el interior del Chaco el 4 de julio de 1673 al frente de una bien equipada expedición de más de mil efectivos, entre soldados españoles e indios auxiliares. La fuerza expedicionaria marchaba di- vidida en tres tercios, los de Córdoba, La Rioja y Jujuy, comandadas por los Maestres de Campo Pedro de Avila y Zárate, Pedro Baxán y Pedro Ortíz de Zárate respectivamente. Una cuarta columna salida de Tarija entró al Chaco bajando por el Pilcomayo y luego de batir a diversas tribus tobas, chorotis y mocovíes, y de tomar numerosos prisioneros regresó al lugar de origen sin tomar contacto con el grueso de la expedición.

La columna de Peredo llegó al Bermejo luego de una marcha de 20 días sin más dificultades que las propias del agreste territorio que tuvo que atravesar. Lo acompañaban, como Capellán Mayor, Bartolomé Dávalos y como curas doctrineros, los padres jesuitas Diego Altamirano y Bartolomé Diaz. Este conquistador bajó siguiendo las márgenes del Bermejo hasta un sitio distante 80 leguas de la ciudad de Esteco y en un sitio no precisado, levantó un fuerte con el nombre de "Real Fuerte de Santiago de Peredo" el día 24 de julio. En ese sitio se le unió, poco después, el Maestre de Campo Juan Amusátegui que venía desde Jujuy con refuerzos y armamentos.

Realizado un Consejo de Guerra, como era lo usual, se resolvió efectuar reconocimientos y expediciones en una y otra banda del Bermejo, los que le permitieron capturar y reducir unos 1.600 a 1.800 indígenas en pocos días.

A mediados de agosto regresó la expedición con su enorme botín humano, aunque Peredo había prometido a los naturales ponerlos en reducción y asignarles curas doctrineros para su evangelización, descartando el sistema de encomiendas que los aborígenes aborrecían.

A pesar de esta promesa, una vez llegados a Esteco y cuando el número de nativos había aumentado a unos 2.150-de las distintas parcialidades chaquenses, se reunió una Junta de Guerra el 10 de setiembre de 1673 con la asistencia de la totalidad de los jefes, oficiales y eclesiásticos que habían participado en la empresa. En ella se consumó una de las mayores injusticias de las tantas que tuvieron que soportar nuestros aborígenes durante toda la historia. Se resolvió "De común parecer y consejo de los presentes en su sentir se haga repartición general de dicho gentío así desnaturalizado, premiando con él los que han sustentado las armas de dicha conquista". De este modo, las diversas ciudades de la Gobernación del Tucumán recibieron en encomienda y servicio personal a indios chaqueños en premio por haber contribuido a la conquista y pacificación del Chaco, para resarcirlos de los gastos en que habían incurrido, aunque imponiéndoles la obligación de evangelizarlos y conservarlos en la obediencia al Rey.

Esta medida de las autoridades de la Gobernación no sólo causó general indignación entre los miembros de las órdenes religiosas y la consiguiente desaprobación real, sino que tuvo consecuencias totalmente contrarias a las esperadas, pues los aborígenes huyeron en su mayoría a refugiarse en la espesura de los bosques chaqueños, Fig. 18.llevando las semillas de nuevos resentimientos contra el maltrato y los abusos a que fueron sometidos por los encomenderos. Se hizo responsable al Gobernador de tamaño desatino, pero la verdad es que la medida fue adoptada por unanimidad y con la aprobación de todos los que participaron en la empresa.

Fig.18 Fisonomía de los abipones, según los vio el Padre Martín Dobrizhoffer S.J. en el siglo XVIII. De su obra : "Historia de los abipones"

En realidad, el Gobernador Peredo - llevado por su espíritu piadoso - trató de evitar estos abusos exigiendo el cumplimiento de las Reales Cédulas de l673 y 1674, que prohibían el servicio personal y castigaban los malos tratos a los indígenas. Pero sus disposiciones tuvieron escaso acatamiento y los abusos continuaron, provocando el deseo de venganza de los aborígenes que lograron escapar de esa verdadera esclavitud a que fueron sometidos.

En lo que restaba del Siglo XVI I sólo se Fig. 19.realizaron expediciones de relativa importancia durante los gobiernos de José de Garro, Juan Diez de Andino (1678 – 1681) y Antonio de Vera y Mujica (1681 – 1685).

Fig. 19 Soldado criollo del siglo XVIII según R.P.F. Paucke en su obra "Hacia allá y para acá

El primero de ellos realizó tres entradas al Chaco de carácter represivo y cuyo único resultado positivo fue el de establecer un fuerte en el Pongo, al Este de Jujuy, para proteger a la ciudad. Diez de Andino, por su parte, organizó una "entrada general" contra los mocovíes, logrando proteger y asegurar el camino al Perú. Además encargó a Pedro Lavayén entrar al Chaco desde Jujuy y construir un fuerte en la Quebrada de Santa Bárbara, lugar estratégico que dominaba la entrada a la región. Pero Lavayén cometió la imprudencia de perseguir a los indios hasta el Bermejo, donde fue apresado y muerto, perdiéndose también el fuerte recién construido. Por último, el martirio de los padres Diego Ruiz y Juan Antonio Solinas, quienes habían entrado a misionar entre los Tobas y Mocovíes en 1683 pero murieron a manos de éstos junto al Río Bermejo, deterrninó a Antonio de Vera y Mujica realizar una expedición de castigo en 1685. Esta partió de la ciudad de Esteco y a pesar de que se logró el rescate de los restos de los infortunados misioneros, las lluvias y lo "fragoso del terreno" obligaron a Vera y Mujica a regresar sin poder castigar a los autores del crimen.

El Siglo XVII terminó así, con un Chaco Gualamba bajo el total dominio de las tribus guerreras tobas, mocovíes y abipones, entre otras, y la impotencia de las autoridades españolas por lograr su conquista y establecer la ansiada comunicación entre el Este y el Oeste a través de la boscosa región chaqueña. Entre los factores que contribuyeron a este resultado fue el ya mencionado dominio del caballo por las tribus chaquenses, hecho que les permitió colocarse en un pie de igualdad ante los tercios españoles y, sumado a ello, su superioridad numérica y su conocimiento del monte que les servía de seguro refugio. Pero también influyó, y mucho, el maltrato que los indios sufrían en las encomiendas y la práctica de sacarlos del medio natural para reducirlos cerca de las poblaciones hispánicas, donde ni el clima ni el medio natural les eran favorables, lo que produjo en ellos mortandad o, en el mejor de los casos, la fuga hacia sus Iugares de origen. Tampoco las autoridades de las distintas jurisdicciones acertaron a coordinar entre ellas una estrategia válida para asegurar el éxito de las empresas conquistadoras y atraerse a los principales caciques chaqueños sin alterar sustancialmente sus patrones culturales.

 

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