| Para el primitivo poblamiento del
territorio argentino se ha llegado a establecer una cronología anterior a los 10 mil
años a.C., según los estudios y hallazgos arqueológicos más seguros, especialmente en
la región patagónica. Según Salvador Canals Frau, fueron tres los tipos raciales
provenientes de la pri- mera oleada migratoria procedente del Asia que contribuyeron a
formar la población prehistórica del actual territorio de nuestro país: Los Huárpidos,
los Láguidos y los Patagónidos portadores de una cultura derivada del paleolítico
superior.
Con la segunda oleada inmigratoria habrían
ingresado pueblos que estarían representados por los fuéguidos del extremo sur del
continente, portadores de una cultura mesolítica de pescadores y recolectores. En cuanto
a la población de cultura neolítica, es decir la que practicaba la agricultura,
correspondió a un sólo tipo racial, el de los Brasílidos o también denominados
Amazónidos. Aunque debe señalarse que, según el antropólogo José Imbelloni, los
pueblos del grupo Andido, de los que surgieron las altas culturas amerinidias, se
establecieron en el Noroeste y Centro del territorio argentino e irradiaron su influencia
cultural a las regiones circundantes.
Con respecto a la región chaqueña, la más
primitiva población que la habitó debió ser de origen Huárpido, y sus características
físicas habrían perdurado entre los Lule - Vilelas del Chaco Occidental. En una época
posterior, ocuparon esta región procedente del sur un pueblo o una serie de pueblos con
una economía de grandes cazadores, guerreros y de recia contextura física: los Pámpidos
o Patagónidos. De esta corriente inmigratoria procederían básicamente los pueblos
pertenecientes a la gran familia étnica y lingüística denominada Guaycurú, que
comprende a los Tobas, Mocovíes, Abipones, Pilagáes, Mbayáes, Payaguáes y otros.
Otras interpretaciones coinciden en señalar la
presencia de nueve tipos raciales en la región chaqueña y en el Litoral, de los cuales
merecen citarse Ios siguientes:
- Pámpido: proveniente del sur y predominante en toda la región.
- Sonórido o Huárpido: de los cuales los Matacos serían su
expresión característica.
- Amazónido: proveniente del Norte y llegado por el Litoral hasta el
Río de la Plata. Otros grupos de este tronco racial, como los chiriguanos, se
establecieron en el Noroeste de la región chaqueña.
d) Andido: proveniente del oeste, que habría
ocupado la región Chaco -
Santiagueña, hábitat de los Lules - Vilelas.
Las conclusiones de los estudios de antropología
física coinciden en general en que los chaquenses típicos pertenecen al grupo racial
Pámpido o Patagónido, especialmente los del grupo Guaycurú, ya que los del grupo Mataco
no se encuadran estrictamente en la categoría de Pámpidos. Efectivamente, estos pueblos
presentan características raciales que los distinguen de los guaycurúes.

Fig.3.- La región chaqueña según Guido
Miranda en su obra: El Paisaje Chaqueño
El motivo inicial de estas
migraciones de pueblos pámpidos hacia el Gran Chaco, fue la búsqueda de zonas de caza.
EI crecimiento demográfico y la adaptación al medio geográfico, determinó la
diversificación de los distintos grupos tribales. Por su parte, pueblos de
cultura neolítica procedentes de la región amazónica, como los Chané-Guaná- Arawac se
desplazaron hasta ocupar una extensa región desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) hasta
las costas del Bermejo superior. A su vez, los pueblos de filiación chiriguano - guaraní
penetraron desde el Este en la región chaqueña noroccidental y sometieron a los Chané,
que pasaron a ser sus vasallos. Esto produjo que pueblos de cultura pa- leolítica, como
los Mataco-Maccá, se corrieran hacia el Sureste y se establecieran en territorio
comprendido entre los ríos Pilcomayo y Bermejo.
Fig.4 Shamanismo entre los aborígenes del
Chaco, ceremonia de índole religiosa y significado incierto.
Desde una época muy remota los pueblos que
habitaban el Gran Chaco, pese a su belicosidad, asimilaron numerosos elementos culturales
provenientes de otros núcleos étnicos con quienes se hallaban en frecuente contacto, ya
sea pacífico o guerrero. El uso del manto de pieles, el cinturón de cuero, la cuerda del
arco hecha con tiras de cuero y eI paravientos portátil de estera, serían elementos
culturales de origen patagónido existentes entre los chaquenses. Si, como
sostienen la mayoría de los autores, éstos pertenecen al grupo racial pámpido, pudieron
haber traído consigo un patrimonio cultural que incluyó aquellos rasgos al asentarse en
esta región.
Por contactos con pueblos agricultores del complejo
Lule-Vilela en el Chaco Occidental recibieron influencia ándida, presente en toda la
cerámica arqueológica de la región y en las prendas tejidas aún en uso entre nuestros
aborígenes, cuya decoración muestra diseños geométricos que guardan similitud con la
de los pueblos del Noroeste argentino.
A través de los Guaraníes y Arawacs que se
ubicaron en la región contigua a la extensa área chaqueña: la cuenca del Paraná y el
territorio chaco-boliviano, asimilaron elementos tales como el telar, la hamaca, el uso de
pinturas corporales, el trabajo de la cestería y elementales prácticas agrícolas.
Fig.5 Imponente ejemplar de quebracho
colorado chaqueño, principal especie forestal de la región |
| CREENCIAS RELIGIOSAS DE LOS CHAQUENSES Los tobas creen en un ser superior al que llaman
Ayaic, Paiyac o Payack. A él recomiendan la protección de las almas. Parece ser el mismo
Ahar - Aigichi de los abipones del Siglo XVIII, del cual nos dice Dobrizhoffer que era
llamado cariñosamente "abuelito" y estaba representado en el cielo por las
Pléyades (*). Paiyac no parece ser un ser supremo sino un espíritu protector.
Entre los niños se conserva como juego una danza llamada gualañi o danza de la boa, que
quizás sea la reminiscencia de una danza de carácter mágico.
... (Los matacos) poseen médicos hechiceros
de gran autoridad, que ejercen su medicina con prácticas de magia y exorcismo, explicable
por el carácter de maleficio que atribuyen a todas sus enfermedades.
La idea de un ser supremo entre los matacos
es admitida hoy por muchos etnólogos, pero esa idea no es demasiado clara. Reconocen una
serie de dioses, buenos y malos, a los cuales llaman aittah. Al más benigno de ellos y de
más jerarquía, aittah- talac, le llaman "el viejo" y parece corresponder a
ahar-aigichi, "el abuelito" de los antiguos abipones .... Vienen Iuego los ahots
o espíritus malos que moran en los cementerios o en los sitios donde vive la gente. Dice
el General Baldrich en su monografía, tan valiosa como poco citada, que "cada indio
lleva encarnado en vida un espíritu o aoot que después de la muerte de aquel, mora bajo
la tierra, de donde sale por las noches a vagar por Ios lares del difunto".
No adoran los astros. Las breves referencias
anotadas por Pelleschi son rechazadas por Karsten en su excelente trabajo sobre la
religión de los matacos. Reconocen sí, una acción benéfica de la luna en ciertos
quehaceres, en la preparación de la aloja por ejemplo; y en las noches de luna las
mujeres realizan algunos bailes ceremoniales como de invocación o mágicos.
Enterraban a los muertos en fosas poco
profundas. Según las tribus es la posición que se da al cadáver. Autores antiguos citan
las sepulturas sobre árboles, quizás reservadas a caciques, pero ha sido Palavecino el
único que ha podido estudiarlas y fotografiarlas por primera vez. Esta sepultura es
transitoria y una vez que la carne ha desaparecido, los huesos son enterrados en fosas.
Tienen ciertas ceremonias de carácter
mágico que realizan para apresurar la maduración de la algarroba, al producirse la
primera menstruación y en otras circunstancias.
(*) Constelación de "Los
siete cabritos"
De la obra: " Los aborígenes
argentinos" de Antonio Serrano. |
|